Creación cambiante
                             

laidentidad

      La NASA informó en 2005 del descubrimiento de dos nuevas lunas en Plutón. ¡Que envidia! Me encantaría tumbarme en el campo durante una noche de verano y contemplar dos lunas en el horizonte. Lástima que esto no sea posible en La Tierra. Aquí sabemos que sólo tenemos una; solemne, hermosa y luminosa, pero sólo una.

Pero es que Plutón esta lejos, lejísimos. Tan distante que se permite el caprichoso lujo de, a estas alturas de la vida, mostrarnos dos nuevos satélites que en realidad siempre habían estado allí.

Siempre nos habían enseñado en el colegio que Plutón era el último planeta del Sistema Solar. Al menos así me lo tuve que aprender yo sin que a nadie se le pasara por la cabeza siquiera discutirlo. Pero en los últimos años los astrónomos han mantenido un acalorado debate sobre esta afirmación. Para muchos, Plutón es tan pequeño que no merece llamarse planeta, tesis que ha ganado adeptos al descubrirse algún asteroide de mayor tamaño que el tradicionalmente considerado noveno planeta. El estado de la cuestión es que muchos científicos ya no reconocen a Plutón como planeta sino como mero pedrolo.

Tras esta historia del planeta que nunca fue a uno se le queda cierta sensación de timo. Tras habernos quedado sin ver los dibujos de la tele mientras nos aprendíamos de carrerilla la lista de los nueve planetas, ahora hay que desaprenderla. Y es que añadir conocimiento no produce ningún palpitar encontrado, pero asumir que lo que creíamos cierto hasta ahora ya no es verdad produce cierta humillación.

Ni siquiera en los temas que afectan a toda la humanidad nos gusta rectificar, ¡cuánto más nos violenta el cambiar de opinión, actitudes o estructuras personalísimas de pensamiento! Me miro a mí mismo y en derredor y observo lo tremendamente impopular que resulta que las personas rectifiquemos en coherencia, por muy de sabios que digamos que esto es. No es corriente ver humanos que desaprenden lo que asumieron en su juventud. ¡Yo soy así! o ¡qué le voy a hacer! es la gran falacia que espetamos cuando no queremos seguir creciendo como personas. Raro nos resulta descubrir nuevos planetas o grandes asteroides pululando por en el Sistema Solar en que vivimos, pero más raro aún resulta ver a un adulto cambiar de verdad, en serio, y de aquí en adelante.

Convivir con personas arrogantes y perennemente predecibles es de lo más normal en este mundo caído, pero es nuestra obligación luchar y rogar para no permitir que esto sea lo cotidiano. Uno puede convertirse en alguien respetuoso, educado, constante e incluso culto, pero cuando se estanca por largo tiempo y no ofrece mejoras ni frutos de nuevas cotidianidades es que algo falla. Por desgracia, es fácil constatar como muchos caen ante el trucado canto de la endeble seguridad que un día nos proporcionaron los cuatro conceptos básicos de la vida que aprendimos en juventud. Pero que pena, pues nada más esclavizante que tratar de mantener por siempre lo infantil, y que lo hemos agarrado sólo porque un día decidimos arrastrarlo por siempre con nosotros a modo de cadena fantasmal. Como si ya fuesen sabios o dioses, algunos deciden entregar su forma de ser a los conformismos de este mundo, algo que me lleva a pedirle a Dios que cada día me haga desaprender parte de estas cosas.

Volviendo con los astrónomos y sabiendo que para algunos de éstos observadores de lo alto, Plutón ya es sólo la última piedra del Sistema Solar, pienso que fue muy acertado que por allá en 1930 diesen al nuevo objeto descubierto el nombre de Plutón, el dios romano de las profundidades, los infiernos y las sombras. Si los evangelios presentan a Jesús como la piedra angular del Universo, veo muy propio que la más distante y fría piedra de la creación lleve entonces el nombre del dios romano de los Infiernos y las tinieblas. Con este gesto de sacarlo de la lista oficial de planetas, Plutón representa ahora los valores de un gélido mundo sin esperanza, aquel mundo donde la arrogancia convierte a las personas en piedras de actitudes y pensamientos esclavizantes. Hoy día sigue habiendo una puerta donde el orgullo y la falta de autoestima no sustituyen la libertad que el Dios creador de los evangelios ofrece hoy a quiera adentrarse en un mundo sobrenatural y definitivo. Es posible hacerlo porque sólo depende de la decisión de aceptar la nueva vida cambiante que se ofrece por medio de una relación personal con el Jesús de los evangelios. Valiente y arriesgada, y es que finalmente es decisión tuya.

www.aguadevida.net , por Luis Marián

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